miércoles, mayo 02, 2007

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CÓMO COMPARAR
MULHOLLAND DRIVE & THE STRAIGHT STORY
Y NO MORIR EN EL INTENTO


Posiblemente, Mulholland Drive y The Straight story sean las dos películas con menos puntos de unión de la filmografía del genuino David Lynch. Por una parte, en The Straight story (1999) Lynch hace gala de una sublime sensibilidad. Tras las inquietantes Corazón salvaje o Carretera perdida, Lynch pisa el freno a fondo, cambiando el coche por el cortacésped. El director detiene su analítica mirada en una historia lineal, simple y nada truculenta. Todo lo contrario podría decirse de Mulholland Drive (2001), en la que abandonó estas efímeras inclinaciones bucólicas y sensibleras para adentrarse de nuevo en el mundo de lo onírico, lo enrevesado y lo frenético.

Tanto en The Straight story como en Mulholland Drive se nos narran historias de amor, sin embargo, el tratamiento del mismo es radicalmente diferente. En la primera, el amor sirve al protagonista para dejar atrás no sólo su casa y su entorno habitual, sino también su orgullo. Así pues, el anciano Alvin emprende un viaje a bordo de su cortacésped, tan rocambolesco como puede ser el de El tren de la vida, en busca del amor latente y olvidado de su hermano. Igual de reseñable merece ser el amor que Alvin siente por su hija y ésta por él. La familia se presenta a lo largo de toda la película como un valor de vital importancia, no sólo en el caso de Alvin, sino también en los de aquellas personas con las que éste topa durante su viaje.

En Mulholland Drive, sin embargo, el amor es tratado de un modo más trágico, pasional, y perturbador. Así como en The Straight story éste desemboca en felices desenlaces y reconfortantes situaciones, en Mulholland Drive el amor lleva a la locura y el desequilibrio de quien lo padece, presentándose no ya como algo agradable sino como la fuente de todos los males. También la familia es tratada aquí de un modo distinto, pues no es la solución como en The Straight story sino el problema. Para Diane su familia es un tormento insufrible, una presión, una carga físicamente ausente pero constante frente a la que debe luchar.

Las interpretaciones son en ambos filmes extraordinarias, de un nivel sublime a pesar de la grandísima dificultad de los papeles.

La banda sonora está compuesta en las dos películas por Angelo Badalamenti. En ocasiones intrigante, otras soporífera, otras desafortunadamente molesta, extraña las más de las veces.

Un aspecto a destacar es también el entorno en el que los hechos tienen lugar. Mientras en Mulholland Drive los exteriores brillan por su ausencia, en The Straight story lo que prácticamente no encontramos es interiores. En esta última película se suceden series de hermosas tomas aéreas con formidables paisajes typical America. En Mulholland Drive, por el contrario, el uso de los interiores colabora a acrecentar la sensación de misterio, dramatismo y angustia.

En esta ocasión, si tuviera que decidirme por una de ellas, me decantaría, quizá, sin desmerecer la tortuosidad y sorprendente originalidad de Mulholland Drive, por la contenida emotividad y asombrosa sencillez de The Straight story; genial juego de palabras el del título, por cierto ;)

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viernes, marzo 30, 2007

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CÓMO COMPARAR
MUERTE ENTRE LAS FLORES & FARGO
Y NO MORIR EN EL INTENTO


Después de repasar a la pequeña de los Coppola, he seleccionado para esta segunda edición de "cómo comparar..." a los hermanos Coen (o Cohen o como queráis escribirlo).

En su obra encontramos distintos géneros que oscilan entre el cine negro o thriller y la comedia.
Muerte entre las flores constituye uno de los ejemplos más destacados de cine negro, mientras que Fargo es una de las más claras muestras de mezcla de thriller y comedia, género éste que veremos poco después, por ejemplo, con El gran Lebowski, aunque en ningún caso se deja completamente de lado el aura del cine negro.

En Muerte entre las flores los Coen nos ofrecen una magnífica película de mafiosos, con ingeniosos, cortantes y arrogantemente sarcásticos diálogos y con un acogedor aire a cine negro clásico, pero no falto por ello de episodios hilarantes claramente marcados con el sello Coen. Como en todo filme negro que se precie, una mujer aparece en escena para sembrar la discordia. Así pues, Marcia Gay Harden encarna el rol de Helena de Troya en esta particular Ilíada de los Coen, siendo, al igual que en ésta, el origen de la disputa entre dos eminentes hombres, plantando la semilla de la ira a partir de la cual brotará una intríngulis de idas y venidas de un bando mafioso a otro que no hacen sino evocarnos de nuevo, en este aspecto, al más puro cine negro.

Por otra parte tenemos Fargo, que, como ya se ha dicho, aúna ciertos elementos del thriller con otros de la comedia. A diferencia de Muerte entre las flores, que, acorde a las pautas establecidas por el cine negro clásico, experimenta rítmicamente un evidente crescendo, Fargo despierta en el espectador el interés desde el primer momento, gracias, sobre todo, al, como en la película misma lo definen, "raro" personaje interpretado por un (de nuevo) fabuloso Buscemi. Éste y su peculiar compañero de fechorías deberán llevar a cabo un igualmente peculiar secuestro en peculiares condiciones, con unos también peculiares inconvenientes y con unas más peculiares si caben consecuencias.

A pesar de que las muertes, los disparos, los engaños y, en definitiva, la locura colectiva es una constante en ambos filmes, los ambientes en los que todo ello tiene lugar son totalmente distintos. En Muerte entre las flores el negro es el protagonista: el negro de la atmósfera, el negro de las ropas, el negro de las almas. Por el contrario, en Fargo el ambiente es mucho más reluciente, dejando las noches paso a los días y cambiando las miradas de soslayo por (forzadas) sonrisas.

Considero ambas muy buenas películas, tanto es así que no sabría por cuál decantarme. Por un lado, en Fargo destacaría la actuación de Buscemi y lo entretenido de su argumento. Por otro, los protagonistas de Muerte entre las flores y su trama me recuerdan gratamente a la mejor época que, en mi opinión, ha vivido el Cine, y eso le da muchísimos puntos a su favor.
En fin, yo, indecisa, como siempre, ¿y vosotros, cuál preferís?

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viernes, febrero 16, 2007

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CÓMO COMPARAR
LAS VÍRGENES SUICIDAS
& LOST IN TRANSLATION
Y NO MORIR EN EL INTENTO


Las opiniones acerca de la calidad (o ausencia de ésta) de las películas de Sofia ha dado no poco que hablar en los últimos años; ahora, con el estreno de María Antonieta, se ha vuelto a generar la polémica en torno a ella. Anticipo que no he visto este último filme y no sé cuándo lo haré, ni siquiera sé si eso ocurrirá alguna vez o no; por tanto, decir no cabe que María Antonieta queda excluída de este amago de comparativa.

Las vírgenes suicidas es la película idónea para debutar, con una estética tan pegajosa como agradable, una protagonista sexy y desvergonzada como la interpretada por Kirsten Dunst (la que sería factiblemente equiparable a la encarnada por Scarlett en Lost in translation), una historia algo rocambolesca en la que no falta su dosis de macabrismo y, además, añadiéndole una disimulada crítica a la sociedad y al oh!-cruel-mundo-cruel.

En Lost in translation, Sofia intenta desligarse de las ñoñerías para centrarse en el que va a ser el que consideraré primer y más importante punto de conexión de estas dos películas: el ya nombrado mundo-cruel (oh!), el cual impide a los protagonistas de ambos filmes tomar las riendas de sus vidas, controlarlas y decidir qué hacer con ellas. Los protagonistas se hallan constreñidos por un entorno que, muy a su pesar, no les deja ser libres más allá de su intrascendente mundo interior; recordemos que el suicidio es interpretado por algunos como la exaltación y culmen de la libertad humana, el suicida, y sólo él, es quien decide cómo y cuándo termina su vida.
Aunque en Lost in translation no se llegue a esos extremos suicidas, está claro que los protagonistas, víctimas de sus circunstancias, no pueden satisfacer sus deseos, lo que les hace sentirse desgraciados y conscientes de que no todo en la vida sale como uno desearía (¡Dios mío, pero no os recuerda ésto terriblemente a In the mood for love (Deseando amar)?). El mundo entero les censura en una especie de silencioso complot del que ellos son títeres.

Precisamente ese, el silencio, la incomunicación, la soledad, es otro de los factores comunes a ambos filmes.
Lost in translation consigue que a uno se le quiten por completo las ganas de ir a Japón, pues se nos refleja esta sociedad como impersonal, esquiva, ausente; a nadie le importa lo más mínimo cómo te sientes o cuáles son tus sueños, siendo tratado como un robot más.
Que ocurra esto dentro de una sociedad puede resultar triste, pero que ocurra dentro de una pareja, como también es el caso de Lost in translation, o dentro de una familia, como ocurre en Las vírgenes suicidas, es muchísimo más penoso.
Aparece una bastante desconcertante supongo que metáfora en Las vírgenes suicidas que refleja ese ahogo, ese hastío vital que sienten todos los protagonistas de la pequeña de los Coppola; me estoy refiriendo a la escena de la "fiesta de la asfixia" que se organiza en el vecindario al final del filme, un modo, quizá, un tanto estúpido de transmitir el mensaje.
Además, el filme debut peca también, en mi opinión, de pretender aleccionar de alguna forma al espectador, estableciendo una especie de mandamientos de cómo no se debe educar para evitar que esa soledad aflore.

Estos son los que considero los rasgos fundamentales de ambos filmes, que, ahora sí, afirmo se han sobrevalorado en demasía. Son películas bellas, pero no dejan de estar dentro de la normalidad; en ellas no atisbamos la genialidad de la obra de su progenitor por más que se haya querido hacer creer lo contrario.

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